miércoles, 27 de febrero de 2013

Retarded por planchality

Efectivamente y sí, hace un decenio y medio que no actualizo el blog. Y justo cuando estaba llegando a la cumbre, a lo más alto...

Perdónenme. No es que no haya material, es que en mi vida acaecieron más catastróficas desdichas que me impidieron escribir; además de que aún no he desvelado ciertos acontecimientos y detalles que envuelven toda mi oligovida.

Partamos de una de las muertes recientes de nuestros electrodomésticos: la tele. Pues no estaba muerta, no, estaba tomándose un descanso. Tal y como se fue, vino; un día cualquiera le dimos al "on" y le dio por funcionar, y mejor que nunca: nada de colores hipersaturados o tonos extremadamente malvas o cianes epilépticos. Antes del renacer, celebré mi cumpleaños, y para que pareciese que no sobrase mucho en el piso le di este toque vintach:


(El cumpleaños fue un despiporre olímpico, con concurso de oligodisfraces en el que Manu se disfrazó de pelusa oligofrénica, yo de domadora de pelusas oligofrénicas y Ana de unicornio retrasado -con un cono de helado en la frente al puro estilo Ralph)


El por qué de mi retraso a la hora de actualizar lo explicaré en las siguientes líneas. El mes de enero fue, cuanto menos, deleznable; entre la vuelta de vacaciones y exámenes atropellados, me fue imposible coger el ordenador más que para estudiar o jugar a los juegos de Cartoon Network (juro por dios que desarrollé ludopatía con el juego de Finn Saltarín), y el remate de los tomates vino con mi pequeña escapada a Barcelonat, para ver a mi querido y asquerosa gorda puta  Mario (su blog http://trotamusique.blogspot.com.es no tiene desperdicio, ríanse con sus desgracias trotamúsicas y aplaudan su crítica al mundo en el que vivimos, porfavor). 
Tras varios intentos fallidos de comprar los billetes por Rayané, mi compañero Manu me ayudó a sacarlos con éxito. Éxito relativo. Los sacó, sí, pero con la vuelta en MARZO; gracias al niño Jesús que mi padre se dio cuenta del error un día antes de volver a Algeciras City, aunque no llegué a dicho puerto: tuve que cogerme un autobús de 14 horazas de ese maravilloso país hasta Granada. He de decir que no fue tan malo, aunque me diese tiempo a leerme tres libros y escribir mis memorias (las de verdad y las de mentira); me tiré la mitad del trayecto hablando con un agradable autobusero, malagueño de nacimiento y republicano de corazón. Y con mucho arte.
Acordé con Manu que, para que no lo odiase de aquí a mis posteriores vidas, profesase total subordinación a mi persona durante un mes. Pero ahí se quedó la cosa, casi olvidada, entre más juegos del Cartoon Network, canciones chichinabescas sobre ornitorrincos y fatales descubrimientos en la basura. Porque si algo aprendí en Barcelona, es que en los contenedores se pueden encontrar maravillas además de niños abandonados y simple basura.


Una de esas típicas noches en las que empiezas con un par de botellas de lambrusco en casa y terminas en un pub desierto disfrazado de leopardito (o Spiderman; los esquijamas del Primá tienen un gran elenco de diseños), puedes encontrarte pequeños tesoros tirados en la calle. En este caso se trataba de una plancha: un modelo Rowenta impecable, con mango de corcho y plataforma de aterrizaje para que descanse el calor. Incrédibol. Por fin podríamos plancharnos las camisas y, quién sabe, calentar las tortitas para hacer fajitas. Un nuevo mundo de posibilidades se abría ante nosotros, y estaba ahí la puerta al Valhalla, abandonada al lado de la basura. Enfundados en nuestros maravillosos esquijamas, al grito de "albricias!!!", corrimos hacia la Oligovilla para probar su magia. Pero pronto descubrimos que era magia de la mala, de la negra. Era belcebú materializado en forma de plancha. En cuanto la conecté, el piso entero petó. Todo, enterito, se quedó sin luz. El lambrusco nos ayudó a salir del paso y no caer en la más profunda desesperación, así que con paciencia pudimos recomponer la red eléctrica de la casa saltando de plomillo en plomillo. Todo volvió a su orden natural: las estufitas que nos mantienen con vida por la noche seguían dando calor, la tele volvió a sobrevivir, y la nevera siguió soltando liquidillo. Pero, por alguna extraña razón que nuestra humanidad no llega a alcanzar, el teléfono no daba señal. El rúter, tampoco. Ahí dejamos de reírnos. Ni puta gracia quedarnos sin internet, señores.


Hemos estado sobreviviendo esta última semana gracias al internet del móvil de Manu y el que la facultad nos proporcionaba, entre llantos inconsolables aferrados a nuestras almohadas por la noche. Probamos todo lo que estaba en nuestras manos para tener conexión, desde rúters olvidados hasta llamar a adivinos de las 3 de la mañana de la tele para averiguar las claves de los vecinos. Pero hasta que no llegó el paquete de Yastel, no pudimos hacer nada. Cuando llegó, pude seguir pateándole el culo a Finn en Cartoon Network y sus juegos del demonio. Pensamos venderla en el Cahconverte, para que cuando la enchufasen para probarla, petase la tienda entera y sus respectivas alarmas y pudiésemos arramplar con todo a nuestro paso o, en su defecto, crear un oligoaltar satánico con dicha figura del mal. Pero un amigo de Ana, aún no se bien por qué, se la llevó. Estad atentos, niños. El mal ronda por las calles.

Por cierto, y sin venir a cuento, el otro día inundamos el piso. A la lavadora le dan indigestiones cuando dejamos la ropa mojada dentro, y empieza a escupir agua como si no hubiese mañana. Estuvo bien, porque al piso le hacía falta un fregao. También el casero nos regaló más mangos hace poco. Estaban ligeramente pasadillos.

1 comentario:

  1. Wow.

    Hice bien en curiosear. Todo blog tiene una marca propia sobre inventiva y en lo que a mí respecta, me fascina visionar o procesar datos sobre contenido creativo.

    Felicitarte por la impresionante gama de vocabulario y el correcto uso de la lengua, desde la sintaxis hasta las tildes diacríticas.
    Eximio empleo de verbos conjugacionales. Es increíble ver un texto con tan pocos fallos de parte de alguien tan joven. El modo informativo va en concordancia con la naturaleza de su autora y lo anterior dicho es un claro reflejo perceptible.

    La única espinita que veo en tu crónica es el empleo redundante del verbo copulativo "estar"; aparece varias veces en su forma de pretérito imperfecto. Mención secundaria aparte merece el vulgarismo "fregao" y la palabra inventada "incrédibol" (no sé si me habré olvidado de alguna que otra). Por lo que he estudiado, ambas clases de palabras van entre comillas. No te lo afirmo en rotunción o detonantes similares; es solamente una perspectiva que ofrezco.

    Con los posibles errores que detecto o sin ellos, fenomenal lectura esta. Confío en que mi comentario sea un granito de arena aportante a tu vocación de blogger o escritora creativa.

    Saludos.

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